UNIDAD 4. HABITACIÓN DE LA DISCOTECA

 Hola, pequeño explorador del ritmo y la alegría. ¿Alguna vez has visto a alguien bailar una danza típica de tu país o de algún lugar del mundo? Tal vez tu abuela baila sevillanas, tu abuelo zapatea en una jota, o viste en la escuela el carnavalito, la marinera, el tango o el flamenco... ¡Eso no es solo bailar! Es guardar historias, emociones y costumbres que viven en los movimientos de nuestros pies y en la música.

Las danzas tradicionales son bailes que nacieron hace muuucho tiempo, cuando la gente vivía en pueblos, cocinaba en fogones, usaba ropa distinta y se reunía en plazas para festejar. Son como cuentos que se cuentan sin palabras: solo con el cuerpo y la música.

Se bailan con pasos que se repiten y tienen ritmo. Se hacen con canciones típicas, instrumentos especiales y a veces ¡hasta trajes coloridos! Muchas veces se bailan en grupo: todos juntos, siguiendo una coreografía, como si fueran un solo corazón latiendo.

Las danzas no son solo para mover el cuerpo. Tienen superpoderes:

  • Ayudan a tu memoria: recordar los pasos y seguir el ritmo es como entrenar tu cerebro.

  • Fortalecen tu cuerpo: saltar, girar, zapatear… ¡es como hacer ejercicio sin darte cuenta!

  • Te conectan con tu cultura: bailas lo que tus abuelos bailaban y lo que otros niños en tu país bailan también.

  • Te enseñan a trabajar en equipo: cuando haces coreografías con tus amigos, aprendes a cooperar y a respetar los tiempos de los demás.

Sí, como tú. Hay danzas alegres, suaves, rápidas, misteriosas… y todas tienen algo especial que contar.

Algunas son lentas y elegantes, como el vals.  Otras son rápidas y ruidosas, como el zapateado. Y otras son como un juego, con cambios de pareja, palmas y vueltas.

Por ejemplo:

  • En España, hay el flamenco que expresa fuerza y pasión.

  • En América Latina, hay bailes como el carnavalito, la cueca y la samba.

  • En África, los bailes tradicionales son muy rítmicos y con mucha percusión.

  • En Asia, las danzas pueden ser suaves y llenas de gestos con las manos.

Tú puedes ser parte de esta cadena de alegría que une generaciones. Pídele a tus papás, abuelos o maestros que te enseñen un paso típico. O busca en tu colegio si hay actividades de danza. ¡Quizá hasta puedas inventar tu propia coreografía inspirada en una danza tradicional!

Cuando bailas, no solo te mueves… ¡revives fiestas antiguas, conoces personas de otras culturas y haces que tu corazón también se divierta! Así que la próxima vez que escuches una canción con ritmo… no lo pienses: ¡baila!

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